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Mi hijo no desea dormir solo

Trataremos un tema que seguro producirá un extenso discute, lo que en sí acostumbra a ser positivo, pues múltiples puntos de vista sobre el mismo tema contribuyen al aprendizaje y al conocimiento.

Charlamos de la pertinencia de “obligar” a nuestros hijos a dormir solos en su habitación cuanto antes y de qué hacer cuando estos lloran afligidos en la noche.

Por otra parte, profundizaremos en los motivos por los cuales los pequeños llegan a pasarlo tan mal cuando están lejos de sus progenitores, y nos vamos a preguntar sobre si es recomendable atender a sus llamadas de manera inmediata o bien es mejor aguardar.

En este blog post charlamos de:

Empecemos por el principio…

Para entender bien la realidad de lo que hablaremos, es recomendable aclarar que el humano es uno de los mamíferos que nace con una masa encefálica más pequeña.

A fin de que lo comprendamos, una cría de vaca o bien de caballo cuenta al nacer con un cerebro que representa entre un sesenta por ciento y un ochenta por ciento del total que desarrollará, al tiempo que apenas alcanzamos el veinticinco por ciento .

¿Qué es lo que significa esto? Este dato nos da una idea de lo realmente dependientes que somos al nacer, y nos habla de la cantidad de meses que vamos a precisar para amoldarnos al nuevo planeta.

Y es que el principio puede ser espantoso para una criatura que termina de aterrizar en la vida, especialmente tras haber estado 9 meses en el vientre materno totalmente protegido y atendido. No extraña, por consiguiente, que este proceso de adaptación se traslade a lo largo de cierto tiempo a las noches y a su soledad.

“Pero he leído que hay que dejarlo dormir solo cuanto antes”

Tal como afirmábamos al comienzo, existen diferentes posturas sobre este tema. Probablemente va a haber progenitores que están persuadidos de que lo mejor es que duerman con su hijo hasta el momento en que este tenga 8 años y otros que lo dejaron solo poquitos días tras nacer.

En el presente artículo nos posicionamos en el término medio, no por prudencia sino más bien por pertinencia, y vamos a tratar de aportar ciertos conceptos sobre los extremos.

La medicina, y la pediatría como una de sus ramas, es en muchas ocasiones una ciencia muy lógica. Y la lógica nos afirma que dejar que nuestro hijo duerma con nosotros a lo largo de demasiado tiempo le producirá inconvenientes con el tiempo.

Debemos tomar en consideración que el pequeño precisa ir poquito a poco ganando la seguridad y la confianza en sí, algo que muy frecuentemente solo da el ser capaz de encarar la soledad (y la noche). Semeja razonable, por lo tanto, estimar que no es lo más conveniente satisfacer las necesidades de nuestro hijo de manera continua hasta edades avanzadas.

Si nos marchamos al otro extremo, el controvertido procedimiento Estivill aboga por dejar dormir solos a nuestros hijos cuanto antes, si bien llore, chille o bien devuelva. Volviendo a la lógica y enlazando con lo precedente, no semeja realmente razonable dejar a un pequeño pasando un mal rato a edades tan tempranas, en especial por su completa falta de conciencia de la situación.

Posiblemente sepas que le dejas en una habitación cerca tuya, mas podría estar viviéndolo como haber sido descuidado en una gruta obscura, puesto que apenas sabe ni dónde se encuentran sus manos…

En lo que a este segundo punto respecta, nos agradaría aportar datos de una investigación efectuada en dos mil doce sobre esta realidad. En ella se estudió la presencia de cortisol (la hormona del agobio) tanto en los progenitores como en los pequeños que eran dejados llorando solos en su habitación.

En los instantes de lloro, estos niveles eran muy elevados tanto en los progenitores como en los hijos. No obstante, lo verdaderamente curioso de los resultados era que cuando los pequeños aprendían a quedarse dormidos solos sin sollozar, días después sus niveles de cortisol proseguían elevados.

Experimentaban lo que podríamos llamar “angustia fisiológica”. Esto nos hace meditar que, aparte de repercusiones sensibles por el malestar vivido, hay un correlato físico y de salud esencial.

Entonces, ¿qué hago?

Como afirmábamos, los pequeños son seres dependientes al comienzo, que van a ir ganando autonomía y confianza transcurrido el tiempo. Es muy normal que por las noches, cuando son pequeñísimos, padezcan horriblemente al estar solos.

Asimismo lo es que, al medrar un tanto, empiecen a ver monstruos o bien sombras peligrosas en su cuarto merced a su portentosa imaginación…

Teniendo presente todo esto, lo más razonable semeja ser usar el los pies en el suelo. No hay una edad precisa para aplicar las cosas, y dependerá mucho de la intuición y el seguimiento de los progenitores cara el pequeño. Todo siempre y en toda circunstancia enfocado en lo mejor para él, no en lo más recomendable para nosotros.

Por ende, si somos capaces de adoptar un apego seguro con ellos, en el sentido de hacerles sentir que estamos ahí, mas asimismo animándoles a hacer cosas por sí solos y a ir encarando sus temores, a buen seguro que notaremos efectos positivos en su forma de dormir.

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