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Mitomanía: mentirosos apremiantes

Al leer el título de este artículo probablemente hayas recordado la conocida película del mismo nombre, protagonizada por Jim Carrey.

En ella, un conocido letrado habituado a engañar de manera continua y a jamás cumplir sus promesas, se ve forzado a decir siempre y en todo momento la verdad a raíz de un deSeo de aniversario pedido por su hijo.

En un caso así, la realidad no dista demasiado de la ficción. El mitómano, o bien mentiroso apremiante, hace de la patraña su forma de vida.

Lo llamativo es que, muchas veces, no le resulta preciso un motivo válido para hacerlo, con lo que termina por transformarse en un genuino hábito que acostumbra a conllevarle arduos problemas.

¿Exactamente en qué consiste la mitomanía?

Primeramente, tenemos que establecer una esencial diferencia entre las patrañas ocasionales o bien puntuales y la patraña apremiante.

En el primer caso, posiblemente recurramos a ella para conseguir alguna ganancia material o bien ocasional, mas normalmente nos vamos a sentir mal al hacerlo y no tenderemos a recurrir demasiado a ella.

No obstante, podríamos decir que un mitómano vive en la patraña. Su modo de relacionarse con el resto está basado en la invención de historias, en ocasiones exaltando cualidades propias, y otras faltando a la verdad por pura compulsión.

Como es de aguardar, esta costumbre termina por enmarañarle en situaciones poco a poco más bastante difíciles de manejar, puesto que a un mitómano llega a resultarle impresionantemente bastante difícil sostener la congruencia entre tanto engaño.

Una de las primordiales consecuencias de este modo de estar en el planeta debe ver con la paulatina pérdida de confianza por la parte de el resto. Si bien al comienzo ciertos engaños pueda resultar verosímil, el resto de manera rápida se dan cuenta de la persona a la que tienen delante.

Esto termina por generar aislamiento y soledad en el mitómano, el que en muchas ocasiones escoge charlar con personas afines, en una suerte de ficción admitida por los dos.

Un tanto de biología…

Cabe nombrar que, al engañar, hay una activación esencial de un área cerebral llamada amígdala. Esta hace que nos sintamos mal y que no deseemos reiterar la conducta.

No obstante, al activarse en muchas ocasiones por esta causa, su nivel de excitación va menguando. Así, nos marchamos haciendo más tolerantes a nuestra patraña, de forma que cada vez nos sentimos menos mal al hacerlo.

Se ha sugerido que en el mitómano, esta adaptación a la patraña se desarrollaría de una manera todavía más veloz, de forma que los sentimientos de culpa o bien malestar apenas serían perceptibles.

Por otra parte, se ha probado que los mitómanos tienen más substancia blanca en la corteza prefrontal que el resto, lo que semeja estar relacionado en el propio proceso de la manipulación y la patraña.

¿Un mentiroso, nace o bien se hace?

No podemos olvidar que la patraña produce múltiples ganancias en quien la efectúa. Por una parte, gracias a ella es posible evitar la realidad. Así, una persona puede eludir responsabilidades en ciertos temas, lo que supuestamente le resulta ventajoso.

En lo que se refiere al origen del mitómano, está claro que la niñez juega un papel esencial en el desarrollo de este inconveniente. Un pequeño que ha recibido excesivos castigos por engañar, de alguna forma ha visto reforzada la atención recibida por esta razón, lo que puede terminar haciendo que repita esta conducta hasta la vida adulta.

De ahí que con lo que, en vez de fortalecer un comportamiento negativo, es más interesante inculcarle al pequeño valores como la sinceridad y la responsabilidad.

No obstante, en ocasiones no es preciso haber sido un enorme mentiroso de pequeño. Es suficiente con que aparezca un aprendizaje en el que la persona puede deshacerse de los inconvenientes mediante la patraña. De esta manera, recurrirá a ella como un medio para eludir determinadas situaciones.

En otras ocasiones, es la propia autoestima la que tiene mucho que ver en el tema. Como apuntan Casas Rivera (mil novecientos noventa) “…la patraña oculta la carencia de aceptación de la propia realidad personal, y la reemplaza por una ficción que la haga más aceptable”. De ahí que con lo que un conveniente trabajo en autoestima y en habilidades sociales puede resultar esencial en este campo.

Para finalizar, podemos destacar que la patraña apremiante o bien mitomanía está vinculada a otros muchos trastornos sicológicos, entre los que resaltan el trastorno evitativo de la personalidad y las adicciones. En especial en este último caso, se ha probado que más del noventa por ciento de las personas adeptas engañan sobre el consumo de substancias.

Resumiendo, la patraña es un orificio en el que la persona va hundiéndose cada vez más y más, y de la que cada vez resulta más bastante difícil salir. Desde acá rompemos una lanza en favor de la completa aceptación y el afrontamiento de los inconvenientes.

Referencias:
La mitomanía en la clínica actual. A propósito de un caso clínico. Rafael Casas Rivera, ML Zamarro Arranz. mil novecientos noventa

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