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¿Por que callamos? El fenómeno de «silenciar»

Es por medio de las conversaciones donde tejemos un entramado de conectividad con el resto desde el momento en que nos levantamos hasta cuando concluye el día. Sabemos que somos seres lingüísticos y como semejantes vivimos a través del lenguaje.

Hemos desarrollado el lenguaje para abrir un cosmos infinito donde poder expresar emociones y sentimientos. En el lenguaje creamos y re-creamos nuestra existencia. Dialogar, algo que pareciese tan natural, puesto que lo hacemos todo el tiempo, es algo sobre lo que no acostumbramos a meditar habitualmente.

Es en las conversaciones donde regulamos acciones con otros que permiten nuestro desarrollo personal. Fuera del lenguaje no hay un sitio en el que apoyarnos.

En un artículo precedente charlamos del impacto que tienen las conversaciones en nuestras vidas. Distinguimos que podemos tener 2 géneros de conversaciones: las públicas y las privadas. Es justamente en el campo de estas últimas donde ocurre un fenómeno muy particular: el enmudecer.

La comunicación humana no se agota en el charlar y el percibir. Hay múltiples factores que juegan un papel esencial y el enmudecer es uno de ellos.

Este fenómeno que pareciera ser inapreciable juega un papel fundamental en nuestras conversaciones con los otros y tiene muchas repercusiones no solo sociales sino más bien asimismo sicológicas. Cuando callamos algo, tenemos conciencia que hay algo en nuestras conversaciones privadas que no deseamos compartir o bien descubrir

Estar en silencio, lo que implica no charlar, no es necesariamente estar mudo, puesto que estamos conversando con nosotros mismos. Silenciar implica dejar un espacio entre lo que pensamos y lo que afirmamos.

Este fenómeno del “callar”, del que paradójicamente se habla poquísimo, ha sido uno de los méritos de Chris Argyris (mil novecientos veintitres-dos mil trece).

Argyris quien fue un teorético de las organizaciones, es conocido por su trabajo en el desarrollo de las organizaciones, una gran parte de su investigación se centra en su interés por el modo perfecto en que las personas puedan producir acciones más eficaces y la conexión entre el pensamiento y la acción.

El creador mantiene que el enmudecer es un fenómeno frecuente de las organizaciones. Si deseamos examinar la comunicación en cualquier organización es esencial preocuparse con lo que no se afirma, lo que se calla.

Desde este enfoque mantiene que las conversaciones y el aprendizaje son esenciales en toda organización. Su gran aporte podemos trasladarlo a la más pequeña red de charla, que son 2 personas.

En este blog post charlamos de:

¿Por qué razón callamos?

El primordial motivo por el que las personas callamos es sensible (y los juicios que acompañan a estas emociones). Y lo hacemos por 2 razones: por miedo y por pudor.

La primera, el temor o bien miedo a las consecuencias, pues al charlar me expongo a determinados peligros que prefiero eludir. Por servirnos de un ejemplo me digo: “Si le digo a Pedro que lo extraño, y me responde que no siente lo mismo, voy a salir lastimado”, entonces callo por temor a que mis sentimientos no sean correspondidos. Callo por precaución, para resguardarme.

La segunda, el pudor, es pues juzgo que si decido charlar puedo exponer al otro a una situación vergonzosa, entonces callo para resguardar al otro más que a mí. Por ejemplo: ¿De qué manera voy a decirle a Pedro que no me agrada como cocina? Callo por compasión.

En esta danza de las conversaciones, sobre todo donde decidimos callarnos es donde brota la incoherencia. Y de esa incoherencia brotan ciertas rutinas, que Argyris las llamó “defensivas”.

Estas rutinas marchan como mecanismos de defensa. El meditar (lo que nos callamos) es una acción en sí, y como tal tiene consecuencias. Si digo lo que pienso voy a salir lastimado, si lo callo asimismo.

¿Cuáles son las consecuencias del silenciar?

Los incontrovertibles inconversables. Pensamientos o bien sentimientos, cargados de opiniones, juicios, interpretaciones y valoraciones que no salen a la luz de las conversaciones y que se vuelven horriblemente dañinos en cualquier relación.

Este procedimiento de no dialogar ciertas cosas se vuelve un proceso circular que se fortalece a sí mismo. Las primordiales consecuencias son: evitación, inseguridad, falta de confianza, conformidad, inflexibilidad, resignación, resquemor, tensión, ansiedad y el enorme conocido agobio.

Una pareja, una familia o bien una compañía que se calla una gran parte de lo que piensa se enferma pues recordemos que fuera del lenguaje y las conversaciones no hay otro sitio en el que apoyarnos.

¿Lo digo o bien no lo digo?

Es obvio que no afirmamos todo cuanto pensamos, sostener nuestro espacio de privacidad está bien. No obstante cuando callamos aspectos fundamentales de lo que pensamos, nuestras relaciones pueden verse con seriedad perjudicadas y con esto su desempeño y funcionamiento.

Acepta la responsabilidad con lo que callas, puesto que esa información que no quieres compartir es posible que te este afectando, y más que eso, dañando sigilosamente tus relaciones. Aquello sobre lo que más debes charlar es sobre eso que te charlas a ti con más frecuencia.

Un buen ejercicio es prestar atención donde está puesto el foco de tus conversaciones privadas, qué es aquello que más hace estruendos en tu cabeza, que te charlas todo el tiempo, ahí es buen punto de inicio!

Cuando lo distingas, busca que emoción está tras esa charla privada. Y después examina si enmudecer eso que te charlas va a ser mejor que salga a la luz. Podemos siempre y en toda circunstancia hallar una mejor manera de decir lo que pensamos.

Abrirnos a charlar lo que callamos, baja nuestras “rutinas defensivas”. No tengas temor al enfrentamiento, en muchas ocasiones traen una enorme ocasión de aprendizaje.

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